sexta-feira, 13 de junho de 2014

Prádanos, cabeza de la Ojeda


              
                  
Comencemos diciendo que el escudo, blasón y bandera de Prádanos de Ojeda podrían ser así: el escudo siempre fue ‘una arma defensiva’, y seguramente la más utilizada por el hombre desde épocas remotas para protegerse de otras armas ofensivas y de ataque. En el siglo XVII, cuando las armas de fuego individuales se generalizaron en las guerras, el escudo se tornó completamente obsoleto. Pero en tiempos medievales, fue muy usado por casi todas las culturas del mundo (Oriente/Occidente), tanto a distancia para defenderse de las armas arrojadizas o blandidas por los enemigos, como en el cuerpo a cuerpo, pues permitía la utilización de un brazo para defenderse y, al mismo tiempo, contraatacar con el otro. Entre el siglo XIII y XVI, los escudos eran recubiertos de piel, y llevaban pinturas con emblemas o signos individuales (familias nobles), dando lugar a los actuales blasones linajudos; tomaban diferentes formas adaptándose a los cambios tecnológicos o tácticos a fin de dar protección a los combatientes. Pero los proyectiles perforantes a gran distancia (hechos de pólvora y puntas de hierro) tornaron su uso definitivamente inútil en los campos de batalla. A partir del siglo XX, el escudo reencontraría una interesante utilización moderna en la lucha antidisturbios…  Sin embargo, mi postura en este apartado lleva otra connotación, dado que en la cultura occidental, el escudo ha servido de suporte como elemento identificador tanto de los individuos y familias como de entidades, pueblos y ciudades, transformando el escudo en un elemento exclusivamente heráldico > ‘el arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona’. Durante la Edad Media fue mucho más: el escudo se convirtió en un código coherente de identificación de personas, entidades y pueblos, incorporado progresivamente por la sociedad feudal (nobleza y clero) para identificar linajes y miembros de la jerarquía, siendo más tarde adoptado por otros colectivos humanos ej.: gremios, asociaciones, villas, ciudades, territorios…
       Los escudos nacieron como forma de diferenciar a los caballeros en los combates, justas o torneos, ya que era imposible reconocerlos al estar completamente revestidos por los metales de su armadura. En realidad, el escudo fue usado por caballeros, guerreros y reyes para diferenciarse entre sí. Con el tiempo se fijaron normas y convenciones que continúan siendo utilizadas hasta hoy: colores, figuras, elementos decorativos etc, todo en el escudo esconde un significado y tiene un lugar cierto dentro de él, escogido por la comunidad a quien representa. En consecuencia, se le considera un campo de expresión artística, un elemento del derecho altomedieval y un distintivo de las dinastías reales. Como elemento identificador de linajes -el blasón se trasmitió por herencia en grado de parentesco- y de los colectivos humanos, el escudo se difundió rápidamente en el conjunto de la sociedad occidental (mujeres, clérigos, aldeanos, burgueses) y en las más diversas comunidades, incluso pueblos, ciudades y territorios.     
     En heráldica, el escudo es el suporte físico del blasón y, por eso, puede tomar diferentes formas de acuerdo con su origen y representación. Joseph de Aldazaval  (1729-1779) sostiene  que la invención del blasón fue antes de todo un  medio de conservar en las diversas familias y pueblos el lustre y el honor de sus mayores, y dar motivación a los interesados para que imitasen sus hazañas gloriosas y el pasado de honor e hidalguía. Así, de acuerdo con el francés Cadet de Gassicourt (1731-1799), el símbolo heráldico estaría reservado apenas para los iniciados. Y aunque los armoriales de la Edad Media estaban destinados a ser vistos por todos los hombres, lo que verdaderamente importaba es que sólo pudiesen ser comprendidos por los que tenían el mismo código de valores. Es por ello que todas las piezas y ‘muebles’ heráldicos altomedievales no fueron escogidos al acaso, ni su utilización respondía al capricho o fantasía del titular del escudo, blasón y bandera. Robert de Viel ( 1899-1959) nos dice con absoluta certeza: la utilización de estos símbolos estaban estrechamente relacionados con la personalidad y características de su portador, de forma que los escudos y blasones eran ‘un libro abierto’ para que los iniciados en el arte heráldico conocieran perfectamente a quien pertenecían y cuáles eran las circunstancias o características de su titular. La heráldica de escudos y blasones nos transmite un retrato espiritual o psicológico de su portador, invitándonos a profundizarnos en la historia, ideales y realizaciones de un linaje, pueblo, territorio…
            Antiguamente, el escudo de armas se entregaba al aspirante de caballero como se tratara de una tabla de plata sin dibujo alguno para que éste con sus hazañas y realizaciones lo fuera rellenando a lo largo del tiempo hasta convertirlo en la imagen viviente de su vida que retransmitiría a sus sucesores, como ícono familiar que habría de conservarse y hacerse respetar por las nuevas generaciones. De esta manera, el escudo y blasón familiar eran signos de identidad y nexos de unión entre los diferentes miembros de un linaje. Michel de Pastoureau (1947-) nos afirma que el estudio del escudo, blasón y bandera de un pueblo no sólo nos permite conocer la identidad de los personajes que los utilizaban, sino que también reflejan cómo era su personalidad, provocando en nuestros días una corriente de heraldistas, siempre dispuestos a estudiar las razones y motivos que presidieron la elección de un cierto ‘esmalte’, ‘partición’ o figura heráldica, a partir de las aspiraciones, creencias, modas o culturas, utilizadas por los diferentes dueños de los escudos y blasones como emblemas heráldicos, muchas veces precisos y poéticos. Sin duda, las armerías fueron concebidas para la mayor gloria de aquellos personajes que las llevaban como respuestas a las aspiraciones sociales de las respectivas familias. O sea, las armerías eran elementos esenciales de identidad familiar. Por tanto reafirmamos que todas las figuras heráldicas de cualquier escudo, blasón y bandera están cargadas de una profunda simbología. Así, podemos destacar dos elementos importantes en los escudos y blasones: el natural > lo que significa dicha figura en el mundo real, y el fantástico o poético > el valor representativo en la mentalidad de los hombres que hicieron posible el desarrollo de la heráldica moderna.
Marquesado de Frómista
                 Curiosamente, toda figura representativa tiene una simbología positiva o negativa ej.: no es lo mismo un león u oso en posición amenazadora, rampante, acostado, herido o mutilado, no significando de inmediato que el portador de dicho blasón o escudo se sirva de un león u oso en primer plano para ensalzar su linaje o para infamarlo, sino que se sirve de la figura heráldica para indicar el coraje o dignidad de su estirpe tanto en sentido ‘activo’ como ‘pasivo’ (trofeo de caza). Por lo general, el escudo o blasón están asociados a una casa solariega, esto es, un hogar y forma de vida de una determinada familia o pueblo, concebidos como bastiones defensivos ante posibles ataques violentos de terceros. Desde una perspectiva histórico-artística, la casa solariega es una casa fuerte con tipología peculiar de carácter autárquico y defensivo en un hábitat rural de economía agrícola y ganadera. En general, constan de planta baja, piso de vivienda y desván, ordenándose los dos primeros elementos habitacionales en torno al amplio zaguán y sala, ocupando casi toda la fachada principal; ya el zaguán presenta ventanas adinteladas o arcos de medio punto. Estas casas solariegas se concentran en dos espacios geográficos: en la montaña y en la llanura. En la primera suelen integrarse dentro de la localidad por menor que sea; en la llanura se localizan en los montes, a veces alejadas de la población, y con contenidos campestres y ganaderos (corrales y viviendas de pastoreo y labradores). La mansión del hidalgo podía ser accidental, pero éste residía habitualmente en su casa-palacio dentro de la villa, aunque diferente de los pueblos de montaña, de contexto mucho más rural. Entretanto, las casas solariegas se ubican normalmente dentro del casco urbano, diferenciándose unas de otras por la suntuosidad y materiales de la construcción. La piedra abundante en las zonas montañosas, es escasa, de mala calidad y cara en la llanura. Comúnmente será el ladrillo cocido así como el adobe los materiales de construcción, siempre llevando en cuenta la potencia económica de sus moradores.
Marquesado de Frías
         Por otro lado, el aislamiento de los pueblos, la pobreza de la tierra y la necesidad de no disgregar el patrimonio familiar obligó a las casas solares no sólo a considerarlas como meras habitaciones de sus moradores, sino también edificios económicos, sociales y jurídicos de la familia y, por tanto, inseparables de las tierras, haciendas, personas y trabajos, animales de labor y provisiones procedentes del corral, de tal manera que la cuadra será más cuidada en su emplazamiento que los dormitorios de los empleados. Poseerán masaderas casi siempre y hornos comunales, bodegas en la mayor parte de las casas, desvanes y graneros para orear y secar productos, así como almacenar granos y utensilios como piezas obligadas de los solares castellanos. La alimentación exigirá un corral con gallinas, conejos, palomar, zolletas para el tocino, almacenamiento del trigo, canizos determinados, colgadura de verduras o frutas de la estación, dispensas de grandes dimensiones donde se guardan alimentos para mucho tiempo etc. Los hidalgos o infantones al ostentar las propiedades del ‘palacio’ justificaban con sus actitudes la posesión de hidalguía o nobleza. La casa solar era un componente material y visible del linaje, raíz y fundamento  del propio linaje y más especialmente de la nobleza. Los fueros de cada región consagraban la inmunidad o derecho de asilo de iglesias y palacios de hidalgos infantones. Por todos estos motivos, la casa solariega tiene un nombre propio, independiente del que llevan las personas y con predominio sobre éste. A veces coincide con el nombre o apellido, pero otras obedece a un mote, apodo o sobrenombre, cuyo origen se pierde en la historia. Así, no se dice el ganado o el prado de fulano, sino el ganado o prado de la casa solariega. Y cuenta más la antigüedad y posición social que se atribuye a la casa solariega, siendo ésta la continuación de esfuerzos llevados a cabo por la sucesión de generaciones que la han enseñoreado. Por eso es un conjunto de afecciones, recuerdos y uno de los signos de las aspiraciones humanas ante la limitación de la vida.           
                En consecuencia, muchos municipios cuentan con escudos, blasones y bandera (armas heráldicas) que les distinguen de los otros pueblos alrededor. Sus escudos y blasones cumplen la misión de mostrar al propio país y al mundo lo que tiene de especial o una personalidad diferenciada a través de figuras, atributos determinados, exponentes de su vitalidad histórica etc. El empleo heráldico por parte de pueblos y ciudades está en constante aumento y cada año un gran número de Ayuntamientos rehabilitan o adoptan viejos o nuevos escudos y blasones de armas, ya que la heráldica municipal tiene importantes aplicaciones en el día a día del pueblo y de su comunidad viva y actuante. El primer blasón de que se tiene noticia es de la villa provenzal de Millau/Lleida (1187), efectuada por Alfonso II de Aragón, aunque la concesión se refiera más al vexillum nostrum (bandera real). Escudos y blasones fueron concedidos a los municipios por los reyes, sea en el momento de la concesión de la carta-puebla, sea con los fueros o actos posteriores como recuerdo de algún acontecimiento digno de semejante galardón. En sus orígenes, las armas del Ayuntamiento fueron todas de concesión real, pero más tarde serían adoptadas por los señores de las villas y pueblos, basadas en muy variados y diferentes motivos: ciencia del blasón o catalogación de origen. De cualquier forma, las armas de los blasones municipales debían corresponder a las armerías reales. Durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1713) y la venida de los Borbones a España, muchas de esas costumbres se trasplantaron con la influencia francesa. Sin embargo, la heráldica municipal española  tiene origen en la Edad Media (siglos XIV/XV). El Archivo General de Simancas conserva una colección de escudos municipales y sellos, lo que demuestra el uso de los escudos por los Ayuntamientos. y la existencia del uso de armas municipales en aquella época. Más próximos a nosotros (1840), a través del Ministerio de la Gobernación se intentó llevar a efecto la orden ministerial para que todos los Ayuntamientos poseyeran su propio escudo, blasón y bandera, o como se declaraba en la época, su ‘propio escudo de armas’. En 1956, se solicitó de cada Ayuntamiento que poseyera sus armas propias para diferenciarlo de los demás. Con esa disposición se pretendió establecer el uso de armas por los Ayuntamientos de España, lo que llevó a muchos pueblos a rehabilitar o crear su propio escudo, blasón y bandera. Prádanos de Ojeda parece no haber atendido a este pedido nacional; las razones no las sé, y nunca hasta hoy puede saberlo. Tal vez la incuria y el poco conocimiento o visibilidad histórica del pueblo hayan influido en este descaso.  
             La clasificación de la heráldica municipal, según recientes orientaciones, sigue la actual legislación sobre la creación, rehabilitación y modificación de los símbolos municipales (escudos, blasones, sellos y banderas), para posterior tramitación ante la Real Academia de la Historia. Existen diferentes especialidades en relación a los escudos y blasones municipales conforme su origen: pueden ser arqueológicas, advocativas, gráficas, topográficas y arbitrarias (estás últimas rechazadas por caprichosas o extravagantes, ya que no se ajustan a las reglas heráldicas).
        1 - las arqueológicas  (las más comunes) contienen elementos de carácter histórico o geográfico, tales como  hechos históricos (armas de antiguos señores), topográficos (alusivos a la geografía del lugar), procedencia (armas reales), tradicionales (con más de 100 años), de concesión (privilegios reales) o de agregación (a las antiguas se añaden otras nuevas);
       2 - las advocativas (también bastante diseminadas) tienen elementos de carácter religioso, tales como hagiográficas (figuras de imágenes o atributos de santos) y onomásticas (figuras representativas de personas importantes en la historia de la localidad);
      3 - las gráficas incluyen en el ‘campo’ de escudos y blasones letras, motes o lemas, tales como alfabéticas, jeroglíficas y anagráficas, de acuerdo con las letras y motes, números y jeróglifos, o anagramas de Jesucristo o de la Virgen María;
     4 - las tropológicas son formadas por elementos heráldicos de sentido alegórico o poético, alusivas a la riqueza del pueblo, evocativas de acontecimientos históricos, rememorativas por traer a la memoria alguna fecha o datos, o también mnemotécticas por auxiliar a la memoria en la identificación de alguna cosa importante.                          
        Hoy, con el uso de la informática podemos crear un armorial (escudos y blasones) totalmente abierto a la investigación de todos los linajes hispánicos. La armería española renació en el siglo XV, cuando se compilaron algunos armoriales nobiliarios, con dibujos y descripciones de las armas, con datos genealógicos e históricos de familias y casas solariegas, distribuidas por toda la geografía de España e Hispanoamérica. Es una realidad comprobada: desde el siglo XIII, se viene desarrollando el gusto por los emblemas heráldicos, principalmente en Castilla y León, aunque sobre diferentes bases culturales y diversas manifestaciones históricas. Por ejemplo: una serie de escudos adorna las bóvedas  de la catedral de Pamplona (1330), y un libro de la cofradía de Santiago de la Fuente/Burgos (1338),  recoge las armerías de los cofrades. En estos armoriales, existen colecciones de escudos y blasones que toman diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación. En heráldica, podemos decir que el escudo es el suporte físico del blasón; y a su vez el blasón  abarca la superficie del escudo, las particiones y figuras que lo adornan, los elementos heráldicos que lo acompañan = ‘esmaltes’ (colores), ‘piezas’ (figuras), ‘particiones’ (divisiones), yelmos y timbres, motes (lemas) y divisas, armoriales, suportes y demás insignias. La palabra escudo es comúnmente utilizada para referirse al blasón de armas como un todo, aunque el escudo sea en realidad apenas un dos elementos que componen el blasón de armas. Muchos escudos presentan a veces dos formas distintas: una, compleja, y otra simplificada y reducida al escudo propiamente dicho; varios países usan escudos de armas mayores y menores ej.: Portugal. Modernamente, el foco de la heráldica se dirige más al blasón, elemento central del escudo, donde sobresalen los ‘esmaltes’ (colores) más utilizados: azure (azul), gules (rojo), sable (negro), sinople (verde) y purpure (marrón). Los colores son importantes en heráldica, en cuanto las figuras pueden ser animales (león, águila, oso etc), objetos y formas geométricas. De modo especial, los animales y los árboles presentan un simbolismo adecuado a las hazañas del titular ej.: el oso = simboliza la fuerza en el combate, y el roble = la estabilidad, fecundidad y amor/dedicación en empresas arriesgadas; las hojas del roble o encina = simbolizan tenacidad y bravura porque resisten al tiempo. Los castillos y leones aluden a los reinos castellanoleoneses… En fin, el escudo de armas deja de ser una pieza defensiva y se convierte en una descripción de las cualidades de sus titulares, y cada uno de los componentes que lo forman tiene un significado específico. Por eso, a la hora de interpretarlos es necesario conocer los elementos y vocablos básicos propios de la heráldica moderna.
                
               Además de los escudos, blasones y sellos, la bandera (del latín vexilium o bandum) es un símbolo de identidad entre personas o grupos. Históricamente, los hombres como seres sociales que son tienden a agruparse y, al mismo tiempo, a diferenciarse de los otros grupos humanos. Cada estado o país, territorio, ciudad o pueblo, posee una bandera que le identifica y diferencia de los demás, siendo uno de los símbolos patrios y emblemas oficiales de países en todo el mundo. Los colores simbolizan una historia que les da identidad, y aglutina a todos aquellos que enarbolan o se identifican con aquella bandera bajo un mismo sentimiento patriótico o de amor al grupo a que se pertenece. La bandera roja y combativa de los romanos les hizo fácilmente identificables en los campos de batalla. Actualmente, las banderas rojas indican peligro así como las banderas blancas simbolizan la paz, o las banderas de los buques señalizan la nación a que pertenecen. Basadas en estas costumbres, las embajadas de los países en el exterior colocan una bandera en señal de identidad nacional. Sin embargo, dentro del propio país pueden existir otras banderas que identifican entidades subnacionales, como barrios, municipios, ciudades o pueblos, provincias etc. Diversas asociaciones o entidades internacionales ej.: la ONU, también ostentan en sus edificios banderas que las distingue de otras comunidades reconocidas como tales en el mundo entero. Lo mismo puede decirse de ciertas entidades privadas, como los clubes de deportes. Cuando se iza una bandera se intenta trasmitir un determinado mensaje. Un ejemplo: la bandera celeste indica que el mar está calmo, mientras que la bandera roja señala que es peligroso ingresar en el mar debido al oleaje turbulento de las aguas. Pero antes de todo la bandera está asociada al patriotismo. Se dice que las personas amantes de la tierra natal y que se sienten identificadas con las mismas costumbres y usos tradicionales de determinado lugar abrazan la misma bandera y demuestran un orgullo inequívoco de su país, provincia o ciudad. La RAE define el concepto de bandera como algo asociado al amor por la patria (chica o grande), indicando con eso un valor y amor profundo para enfrentar cualquier situación en nombre de aquella bandera. El patriotismo debe reflejar el desarrollo de un trabajo honesto y la participación o colaboración en nombre del bien común. Un verdadero patriota es aquel que defiende los valores de solidaridad, libertad, igualdad, fraternidad etc. teniendo en cuenta el bien de sus semejantes y que viven a su alrededor. Lamentablemente, ni todas las personas son equilibradas en ese amor a la propia tierra, convirtiendo ese amor justo y honesto en algo negativo, como la llamada xenofobia que lleva consigo discriminaciones varias en relación a otras personas que no pertenecen al mismo país, ciudad o club deportivo. El patriotismo es ciertamente un ideal que inculca el aprecio por lo propio, pero se torna exacerbado y ridículo cuando se desprecia (a veces con extrema violencia) lo ajeno, algo que no condice con los principios de la fraternidad y solidaridad entre los seres humanos. El escritor argentino, Julio Cortázar (1914-1984), un enemigo declarado del chovinismo insoportable y odioso bajo cualquier prisma, nos decía: ‘uno de los caminos positivos de la humanidad es el mestizaje. Cuando la fusión de razas sea mayor, finalmente se podrán eliminar los patrioterismos, los nacionalismos y demás sinónimos de ese comportamiento absurdo e insensato’. Las banderas identifican al país o territorio, pero no pueden toldar el amor por la humanidad y los valores patrios.

Um comentário:

  1. me parece extraordinario el planteamiento acerca de escudos y banderas de los pueblos. como pradanenses, tenemos uno -muy similar al suyo- que no llega a ser oficial, por no haber sido sancionado por el ayuntamiento, por falta de interés. no así de la bandera, de la que no tenemos principio alguno, por lo que pediríamos alguna orientación para crearla. gracias de antemano. www.pradanosdeojeda,com

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