domingo, 24 de novembro de 2013

Prádanos de Ojeda - la abubilla (11)


                
                   
       La abubilla (Upupa epops) es un ave coraciiforme = ave muy colorida, de tamaño medio o grande, con tres dedos dirigidos hacia adelante y un hacia atrás, con pico sólido y robusto, a veces desmesurado como en los cálaos, y en otras adornados con excreciones córneas en forma de cresta dura y coloreada como en los abejarucos (largo, fino y curvado hacia abajo). El plumaje de estas aves es poco abundante, lustroso y de colores vivos y abigarrados. En el martín pescador es grasiento, lo que impide que las plumas se mojen en su zambullido característico y certero. El vuelo es elegante y acrobático como en los abejarucos, o rápido y sostenido como en el martín pescador, o vuelo ondulante como en las abubillas. Las carracas son verdaderos acróbatas en el aire. Todas las aves coraciformes son aves gregarias, migratorias y eminentemente arvícolas que perchan muy bien, aunque algunas son terrestres o terrícolas. La mayoría anida en cavidades ej.: troncos de árboles, orificios en muro o paredes, o en galerías subterráneas. El orificio de entrada tiene un diámetro justo para el paso del ave en cuestión, para protegerlos de aves de rapiña y otros depredadores, aunque no de las serpientes que se tragan huevos y crías entre 2 y 8 polluelos nidícolas. El nido y la incubación los realizan ambos progenitores, aunque en algunas especies la hembra es la única responsable. Su alimentación es totalmente zoófaga, o sea, la comida consiste esencialmente en toda clase de insectos, pequeños mamíferos, ranas, reptiles, peces etc. Todas las especies (carracas, abubillas, abejarucos, martín pescador…) usan el mismo método de caza: de preferencia, acechan a la presa desde una percha en el árbol y permanecen al acecho o vuelan a intervalos para capturarla, llevándola hasta la rama donde la golpean hasta matarla. El famoso martín pescador se zambulle en picado y tras capturar a un pez lo golpean sobre una piedra antes de tragarlo; empiezan por la cabeza… Algunas especies son territoriales y defienden el tramo del río donde nidifican ahuyentando a cualquier congénere que se aproxime de sus ‘dominios’, o se agrupan para defenderse del ave de rapiña gritando estruendosamente. De modo particular, las abubillas secretan como defensa, principalmente en la época de la reproducción, un líquido oleaginoso de olor nauseabundo por medio de una glándula situada en la base de la cola.
           En Prádanos de Ojeda, en mi tiempo de niño travieso era una de las aves más conocidas del pueblo, si no la mayor y más hablada de todas por dos motivos: su ‘olor característico y nauseabundo’, tan clásico entre la gente que se decía como denuesto o injuria, ‘estás oliendo peor que una abubilla’, o simplemente ‘estás oliendo a abubilla’; y después por su insistente y monótono  canto trisílabo ‘bub-bub-bub’, el cual le dio el nombre científico que hoy posee en varias regiones de España, porque hasta en esto ella es diferente: en cada región española recibe un apellido  identificador. Por ejemplo: en Galicia se la llama bubela; en Cataluña, puput (‘aquel que huele’); en Canarias,  apupú etc. De cualquier manera es un ave que no pasa desapercibida de la población.  Tratase de un pájaro insectívoro de plumaje pardo- rosado, con las alas  y la cola listadas de blanco y negro. En la cabeza, ostenta el famoso penacho de plumas eréctiles como un pequeño abanico, aunque casi siempre lo mantiene cerrado. Las abubillas de nuestro pueblo como las de Tierra de Campos miden entre 0,25 y 0,29cm de largo por 0,44/0,48cm de envergadura. Son inconfundibles por su vuelo errático semejante al de una mariposa gigante. Camina por el suelo igual al estornino pinto (ave de pequeño tamaño, de plumaje negro, pico amarillento y patas rosa-anaranjado), repite ad infinitum su canto onomatopéyico bub-bub-bub, y despide aquel olor peculiar y desagradable… Su hábitat es el campo abierto cultivado, con pastos bajos o con parches desnudos. En Prádanos, todo santo día yo escuchaba el canto insistente de su bub-bub-bub en las huertas de la Fuente del Arrabal y de Fuentecilla. Las abubillas pasan mucho tiempo en el suelo cazando insectos y larvas, y suele escarbar en el estiércol o excrementos encontrados en su ‘camino’. Aparece como depredador de la procecionaria del pino (la plaga más común encontrada en los pinares mediterráneos). Las abubillas nidifican en muros o árboles, y como su pariente próximo el martín pescador, contiene cantidades de fecas que huelen muy mal; las usan para protegerse de sus depredadores. Cuando asustadas, las abubillas disparan chorros de su líquido pestilente contra los intrusos de sus nidos, pero tanto el ave como su nido están tan sucios que son localizados de lejos debido al olor fétido y nauseabundo que despiden a través de una glándula situada en la base de su cola, que los ornitólogos españoles denominan ‘glándula del obispillo’.      
        Los libros hablan de la abubilla como ‘ave bella y curiosa’. Bien, curiosa tal vez lo sea, pero bella me parece un exagero: aquel moño de grandes plumas flameantes con unas puntas negras que despliega en la excitación del cortejo amoroso, así como aquel pico largo, curvado y perforador, con el cual busca los gusanos y las larvas de insectos, me parecen más extravagancias de la especie que atuendos de una ‘dama vistosa’.  Claro, hay gustos para todas las ocasiones, pero decir que la abubilla es ‘un ave muy hermosa’ no me parece una premisa razonable. Pero no importa, ‘los gustos no se discuten’, decían los chinos hace muchos siglos. Sin embargo, se puede polemizar sobre los hábitats predominantes de las abubillas: en España aparece en espacios abiertos con un cierto arbolado cercano, sobre todo en dehesas maduras dominadas por brezos, aulagares y retamas, además de numerosas plantas herbáceas y leguminosas. Pastizales y prados como los de mi pueblo son frecuentes aún en nuestros días en las dehesas maduras donde la estabilidad de los ecosistemas es fruto de la alta diversidad mediterránea. En esos lugares, la abubilla se siente en su casa, aunque no desdeña los bosques de ribera, los pinares, los olivares y los cultivos de campiña, siempre que haya huecos o agujeros para anidar. Sobre su vuelo, también no discuto ya que no veo en él cualquier atractivo: apenas bate las anchas alas redondeadas de modo irregular, como si de una mariposa gigante se tratase. En tierra, tanto si camina agitando la cabeza como si trota ligeramente por las veredas de costumbre, su marcha es considerada elegante por los entendidos. Así, quien soy yo para discutir semejante detalle. Sin embargo, la abubilla siempre interesó a los seres humanos desde el tiempo de los faraones en el Antiguo Egipto: con sus costumbres ancestrales y ‘adoraciones de animales’, los egipcios comentaban los beneficios de esta ave extraña que desvenda el misterio de las entrañas de la tierra cuando busca su excitante comida. Hasta el Antiguo Testamento a través de Moisés incluye a la abubilla como ave impura, sin duda en virtud de su dieta y fetidez características. En la mitología grecorromana, también aparece como personaje principal en comedias y tramas familiares ej.: de acuerdo con Ovidio (43 aC- 17 dC), poeta romano de gran apelo popular, Tereo, un mítico rey de Tracia, se transformó en abubilla (otra versión le convierte en gavilán) para poder perseguir a su mujer, Procne, también transformada en golondrina porque mató y cocinó al hijo de ambos, Itis, por despecho amoroso y celos en relación a Filomena, su hermana también transformada en ruiseñor, por quien Tereo cayó de amores.         
       En el al-Corán, la abubilla está asociada al rey Salomón (Solimán, para los árabes), que habla con los otros animales y les cuenta las grandiosidades de la reina de Sabá y sus dominios de gran magnificencia. En la cultura china, la abubilla representa un mensajero divino que trae las buenas nuevas de la primavera; la abubilla es considerada de buen agüero gracias a su ‘belleza única’. Al contrario de todos estos adjetivos bastante positivos, en las lenguas francesa e inglesa, el término abubilla significa ‘aquel que es fácil de engañar’, o sea, se aplica a personas poco inteligentes, casi bobonas, tal como ocurre con la abubilla que se la considera ‘una maría va con las otras’. También en la literatura Sufí = del árabe, individuo que practica el sufismo, sobre todo en el uso coloquial y dentro de la jerarquía iniciática, la abubilla ya purificada equivale al santo por excelencia, esto es, aquel que ha llegado al más alto grado de santidad. Sufi en este sentido es sinónimo de wali (‘el más santo’) en la hagiografía islamita. En la literatura sufí, la abubilla (animal impuro para árabes y judíos) es la figura central del libro La conferencia de los pájaros, obra de Farid ud Din y Attar (1145-1221), un farmacéutico y perfumista de profesión, pero poeta místico por vocación. Tratase de una de las principales obras del sufismo internacional, repleto de sabias enseñanzas esotéricas en sus bellísimos poemas orientales. La asamblea de los pájaros y su viaje en busca de Simorgh para elegir a su líder y más digno representante, exalta a la abubilla en ese viaje [al frente de 30 aves] a través de 7 valles purificatorios (búsqueda, amor, entendimiento, separación, unicidad, asombro y privación) a camino de la distante morada de Simorgh, mítica ave persa o ave-rey de los pájaros. La abubilla (ave impura) es símbolo del alma humana, implícita en esa historia y en su anhelo de purificación y aproximación a Dios a través de un vuelo espiritual. Con la inquietud de poder verlo, el viaje cobra la vida de muchas aves; los pocos pájaros que logran llegar a su destino (apenas 30, según Attar), son conscientes de la inaccesibilidad y real majestad de Simorgh, y sólo después de haber comprendido la inmensidad de la distancia entre sus propios condicionamientos y la unicidad de Simorgh (el Ser Puro por excelencia), se les permite una audiencia. Attar concluye diciendo que ‘el hombre/mujer sólo encontrará al Ser Supremo que busca por todas las partes dentro de él mismo’, que el poeta consigue expresarlo a través de un ingenioso juego de palabras. Las 30 aves (o pájaros, en persa si morgh) reencuentran para su propio asombro al Ser Supremo que buscaban, simbolizado alegóricamente en el mítico Simorgh, que no es otro sino ellos mismos, en lo más profundo de su alma pecadora e impura. Los pájaros son instados a limpiar sus almas (impuras y de olores fétidos expresados por la abubilla), orar insistentemente a Dios y recordar su nombre sagrado. Sin cualquier duda, en las obras de este magnífico poeta oriental de Nishapur/actual Irán, subyace en forma vívida que la liberación espiritual del alma y su regreso a la fuente original, pueden ser experimentados en esta vida terrestre a través de la vía mística de la purificación interior. Y la abubilla sería una alegoría a ser racionalizada como posibilidad purificadora del alma humana.
          El canto de la abubilla es clásico entre nosotros. En verdad, si falso o verdadero, se dice que el leguaje humano evolucionó a partir del canto de las aves. El canto y el llamado de los pájaros es más vasto que el de cualquier otro animal: desde el aire, en la copa o percha de un árbol, y sobre las aguas de ríos y lagos, las aves se comunican entre sí y con los demás elementos de la naturaleza. Es un hecho que los graznidos y el canto suave (ruiseñor) o monótono (abubilla) se desarrollan a partir de la imitación del medio ambiente, y al igual que los seres humanos las aves manejan dialectos que dependen de su hábitat específico. Las aves migratorias han hecho una amalgama de sonidos como si fuera lo que hoy llamamos de fusión de culturas musicales (‘world music’). Las aves que viven en zonas urbanas ej.: nuestra abubilla tempranera, tienen cantos más cortos, rápidos y frecuentemente más agudos y monótonos que aquellos pájaros localizados en los campos de cultivo. También las que viven en zonas arboladas poseen un ‘vocabulario’ más extenso que las especies  provenientes de regiones abiertas. Ya las aves marinas tienen un canto más simple y delimitado. Tal vez por todo eso, las aves hayan jugado un papel importante en la mitología, religión y literatura mundiales visto que ‘viajan a través de tres de los cuatro elementos más poderosos de la Naturaleza: aire, agua y tierra’. Prácticamente todas las religiones y mitologías dedican páginas y páginas a las fábulas generalmente protagonizadas por aves o pájaros. Se decía, por ejemplo, que un sabio de Suecia comprendía el lenguaje secreto de un gorrión, pues este pajarito le traía noticias frescas todos los días. Así, el día en que un campesino dio muerte al insignificante pajarito el pueblo casi le lleva a la horca. ¡Qué bueno sería si esto fuese real. Sólo así los cazadores aprenderían la lección de casa! San Francisco de Asís predicaba  a la aves del campo de la misma manera que lo hacía a los seres humanos, pues consideraba que sus palabras eran más apreciadas por los pájaros que por los hombres, quienes se obstinaban en vivir en medio a la ignorancia, corrupción de costumbres y ausencia de Dios. En la Francia medieval, el lenguaje de los trovadores o juglares era conocido como ‘el lenguaje secreto de las aves’. El poema arriba citado, La conferencia de los pájaros’ del persa Din y Attar es un ejemplo perfecto de cómo poetas y dramaturgos imaginan diálogos y argumentos ‘espirituales’ en la boca de las aves. En nuestra cultura, se han desarrollado silbatos, flautas y otros productos musicales tentando imitar el trinar de las aves. El ajeo es el quejido de la perdiz cuando se ve acosada; los arrullos y gorjeos de palomas y tórtolas se definen como tartaleos. La perdiz cuchichea y el loro o papagayo garridula. Cuervos y gansos graznan imitando el parapo de los patos. Según el diccionario español todas las aves pían, pero el pavo de nuestros corrales y jardines públicos titea, la golondrina trisa, la paloma zurea, la abubilla upupa y el búho y la lechuza ululan > lamentos,  alaridos o gritos que designan tanto el sonido del viento como las voces de varios pájaros o aves de rapiña. La palabra onomatopeya intenta imitar el sonido de aquello que se describe. Es un asunto complejo establecer la diferencia y el significado entre el trino, el canto de un ave o el sonido onomatopéyico de un pájaro como la abubilla que no muda en nada su canto diario. En fin, las aves y pájaros con mayor nivel de complejidad y tonalidades melodiosas o irritantes, intentan transformar en píos y cantos  las horas, situaciones y momentos del día que están viviendo en medio a la naturaleza de la cual forman parte intensa.        
        Como ya dijimos, la abubilla es un ave de fácil reconocimiento, y aunque tanto los machos como las hembras sean similares, los primeros presentan un color anaranjado más intenso en el pecho. Y en los dos (macho y hembra) la cresta, ocrácea y con puntas negras, es muy llamativa: la despliegan al posarse, en momentos de inquietud y excitación y, sobre todo, durante el cortejo amoroso. Entre las características más marcadas de una abubilla están: es el único integrante de la familia upúpidos y está emparentada con el abejaruco y el martín pescador; la abubilla abre la cresta cuando se siente excitada, en estado de alerta o cuando vuela; suele bañarse en la arena, pero nunca en el agua, y aunque puede trepar en los troncos de los árboles, raramente lo hace; la abubilla se desplaza por el suelo como el estornino (= adopta una postura erguida cuando está posado, y anda a saltos) y como él suele escarbar en el estiércol en busca de insectos y larvas; la abubilla, al contrario de lo que se piensa, es un ave confiada y, por eso, podemos verla cerca de construcciones urbanas o en las huertas  de nuestros pueblos como ocurría en Prádanos de Ojeda. Además, la abubilla es un ave migratoria: en septiembre, sea en solitario o en pequeños grupos, emprende un largo viaje con dirección al este y centro africanos; y diferentemente de otros pájaros, la abubilla no toma agua mientras se alimenta porque aprovecha muy bien el agua de los alimentos. En primavera, podemos oír de día y de noche los reclamos monótonos y repetitivos de su clásico bub-bub-bub (o pu-pu-put, como prefieren otros). La abubilla instala su nido en el huecos de los árboles, en muros o roquedos, en graneros o tejados, en pilas de madera etc; es una especie monógama (la pareja mantiene un vínculo sexual exclusivo durante el periodo de reproducción y crianza de los polluelos nacidos, de 5 a 8 huevos e incubación de 17 días). Puede durar hasta 10 años en estado silvestre. Los lugares preferidos de las abubillas son: parques y jardines, huertos de árboles frutales – en Prádanos, nosotros morábamos cerca de la Fuentecilla (lugar de varios huertos vecinales),  y todas las mañanas oíamos el canto repetitivo de la abubilla-, sabanas, estepas y páramos, claros de bosques, zonas semidesérticas y praderas con cursos de agua cercanos. Es un ave que se preocupa poco con su nido: lo forra pobremente con tallos y hojas secas. La época de reproducción y cría de los polluelos depende de la situación geográfica, o sea, en la Europa central comienza a mediados de mayo, mientras que en la Europa meridional y en la península Ibérica lo hace un poco antes, en marzo. La incubación es hecha apenas por la hembra, pero el macho alimenta a su ‘amada’; sólo después que la incubación está adelantada, el macho colabora de alguna manera. Los polluelos permanecen en el nido casi un mes, y se alimentan de insectos y gusanos.      
      Las abubillas se sienten mejor en superficies pobres de vegetación para poder alimentarse con más abundancia; también en superficies verticales con cavidades, como árboles, acantilados o cortados rocosos donde pueda instalar su nido sin mayores exigencias, lo que implica una gran variedad de ecosistemas. De cualquier manera, busca y prefiere zonas abiertas y rodeadas de arbolado, evitando el interior de bosques y matorrales. La ausencia de árboles viejos en las plantaciones frutales y los abonos químicos o plaguicidas han obligado a la abubilla a desplazarse hacia el sur de Europa. Por eso en algunos países centroeuropeos es ave amenazada de extinción. Ya en la cuenca mediterránea la abubilla es una especie relativamente frecuente, además de ser un ave beneficiosa para el ser humano, visto que consume gran variedad de insectos, gusanos, saltamontes, orugas, grillos, ciempiés, arañas, cochinilllas etc. todos ellos perjudiciales a nuestra salud, razón por la cual está protegida en muchos países. La abubilla es gran benemérita de la agricultura española, y aunque los polluelos y ella misma segreguen a través de sus glándulas uropigiales olores extremamente fétidos, incluso expulsen fecas o heces malolientes, lo hacen para defenderse de sus enemigos y agresores. Ese mal olor, además del silbido característico y el picoteo propio de la especie les sirven de protección contra los depredadores. En el Convenio de Berna es considerada especie de interés especial, y en la UINC está en la categoría de preocupación menor (LC). Curiosamente, es el símbolo nacional de Israel porque como dice uno de sus ornitólogos, la abubilla ‘encapsula un israelí típico: si bien tiene una corona, no se comporta como un snob, puedes encontrarlo en todos los lugares y se le considera símbolo de la sabiduría’ (¡?). Según las palabras de este correspondiente, la abubilla es ‘un pájaro hermoso con una corona o cresta sobre la cabeza. Tiene un trino peculiar que suena ‘hood-hood-hood’ y, es por eso, que recibe el nombre de ‘hood’ en árabe, y ‘upupa epods’ en latín. Si tienes oportunidad de visitar Israel, busca la abubilla: la encontrarás caminando o volando prácticamente en cualquier lugar, decorando la naturaleza con sus hermosos colores y formas, y su corona única’. Con todos estos atributos, podría suponerse que sería un ave considerada por todos los habitantes de España: no lo es. Al contrario, es un ave amenazada: en primero lugar, debido al uso excesivo de insecticidas en los cultivos del campo, lo que reduce el número de  insectos, orugas y larvas, su comida predilecta. En segundo lugar, en estas últimas décadas se han eliminado drásticamente los lugares apropiados de nidificación de la abubilla al verse derrumbadas muchas casetas de campo/huertas, al mismo tiempo en que se han reducido miles de almendros, olivos y otros árboles presentes en márgenes de caminos y carreteras, acequias y linderas parcelarias.
       Y para terminar, aquí expongo mi último pensamiento sobre esta ave ‘tan conspicua y significativa, pues ha estado muy presente en la vida de las personas cuando ellas vivían más próximas de la Naturaleza. Era entonces un ave que llegaba como heraldo del buen tiempo, del final del invierno. En la tradición árabe, la abubilla era un pájaro mágico, un talismán de buena suerte que protegía del mal de ojo’. Interesante, en al-Corán > libro en que se contienen las revelaciones de Dios a Mahoma, la abubilla aparece como pájaro mensajero de las buenas nuevas del amor entre el rey Salomón (Solimán, en árabe) y la reina de Sabá. Ya para los cristianos era avis spurcíssima (el pájaro más inmundo de la naturaleza). Es declarada impura en el Levítico (Biblia) como lo son el buitre leonado, los cuervos, las lechuzas, los búhos etc., reputación esta que ha pasado a las lenguas indoeuropeas siempre como signo de inmundicia. En inglés se la llama Stink bird (pájaro de mierda), en holandés schiethoepe (coronada de mierda), en portugués y gallego galo merdeiro (gallo mierdero) y en alemán dreckkrämer (comerciante de mierda). Sólo en español el término abubilla, traducido del latín upupella (‘pequeña coronada’) recibió un significado apropiado a su belleza (¡?) y a su rango de ave mitológica. De modo especial, cuando se dirige a las otras aves en La conferencia de los pájaros, usa palabras que sirven de moraleja para los seres humanos: ‘debéis desear de corazón, lo que está más allá de la tentación de las palabras y el conocimiento de las estrella. Debéis querer con todo vuestro ser y estar seguros de vuestro ser y seguros de vuestra esencia, que primero tendréis de hallar en lo más profundo de vosotros mismos’.  Y un aviso a los ‘navegantes’ de todos los mares del mundo: ‘en verdad -dijo la abubilla a las otras aves-, Dios no mira vuestras apariencias, ni vuestras acciones, sino que mira vuestros corazones’. Y en otro lugar nos dejó este bellísimo pensamiento: ‘lo que sabes no es más que una insignificancia, un simple rayo de luz que ilumina la noche infinita, huella de una huella tan recta como el vuelo del cuervo. Tu anhelo de poder y espacio es una distracción, porque estás vacío y la insatisfacción te ha ahogado’. La abubilla es el símbolo de la sabiduría para el poeta persa Farid ud Din y Attar (1145-1221).          
                                                                                    
        
          
         
          
           
           

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