terça-feira, 10 de julho de 2012

Prádanos de Ojeda: mi pueblo, cabeza de la Ojeda (4)

Quien visita nuestros pueblos y comarcas oye o escucha con frecuencia palabras de puro regionalismo. Por ejemplo, el término ‘cuérnago’ > desvío artificial de un río para irrigar parcelas de regadío; o ‘ensilado’ > método de conservación del forraje almacenándolo en lugar seco y cerrado. Hasta palabras comunes, retiradas del diccionario popular, adquieren en nuestros pueblos un sentido diferenciado ej.: ‘barbecho’ > tierra labrantía que no se siembra durante uno o más años, y se deja sin cultivo para descansar. Ya me referí a la palabra ‘cárcava’ > grande hoya o zanja que suelen provocar las aguas torrenciales. La palabra ‘parvas’ (plural) > caminos de sirga, a los lados de un canal, por donde transitaban las mulas tirando de las barcazas, es otro vocablo regionalizado. En fin, son términos usados por nuestros agricultores en sus faenas diarias, y que acaban por rotular esta importante actividad económica y de singularidad castellana indiscutible: la agricultura. En nuestras comarcas y pueblos, ella está firmemente arraigada y vinculada a factores naturales del medio geográfico - clima, suelo, altitud,  precipitaciones pluviométricas y localización:
   1) el clima es ‘mediterráneo’, del tipo semiárido, con medias pluviométricas de 600 mm/anuales; temperaturas entre 9º y 18,6ºC. El mes más frio es enero, y el más cálido es julio. El período de heladas es de casi 8 meses, siendo los meses más lluviosos mayo y noviembre. Estas características posibilitan buenas condiciones de humedad para la germinación de los cereales y leguminosas, una adecuada formación de los granos y tubérculos, así como un rápido y eficaz secado en los meses de junio y julio, cuando las parámetros de temperatura e insolación son más favorables;
   2) los suelos, con elevado porcentaje de arcillas característico de tierra de campos, un pH neutro o alcalino, bajo contenido de materia orgánica, valores normales en potasio y algo bajos en fósforo, aunque mayores que en las zonas limítrofes, y resistencia a la sequía, plagas y enfermedades. Son suelos profundos, ventilados, sueltos y de fácil manejo;
   3) la altitud es un factor determinante para caracterizar el clima de una determinada y área geográfica de cultivo, pues la insolación aumenta conforme la altitud. En consecuencia, cae la temperatura, ocurre mayor porcentaje de precipitación, hay menor presión atmosférica y vientos más fuertes, de acuerdo con el relieve del lugar. En realidad, la insolación aumenta de acuerdo con la altitud porque el aire es más puro (limpio) y seco, y también menos denso, permitiendo que los rayos solares (UV > menor extensión de onda) incidan con mayor intensidad. Así cuanto menor es la intensidad del aire, menor la presión y, por pertinencia, la atmósfera se torna menos densa, ocasionando temperaturas más bajas. Por  eso, cuanto más alto, más frío es el aire – a cada 100 m la temperatura cae 0,6º C. Este factor hace con que la amplitud térmica/anual en nuestros pueblos sea pequeña;
   4) la precipitación pluviométrica es otro elemento influenciado por la altitud. Cuando una masa de aire se aproxima de la montaña (o conjunto de montañas), ella es obligada a subir, provocando temperaturas más bajas y aumentando la precipitación. Pero a partir de determinada altura, los efectos son inversos > las lluvias se tornan más raras y escasas;
   5) la localización o posición del lugar (pueblo, monte, valle etc) determina la humedad y el porcentaje de lluvia. Localidades y campos en la dirección del viento > barlovento, son más húmedos, en cuanto los lugares de sotavento > protegidos contra el viento, son más secos. Un caso geográfico de efectos catastróficos llama nuestra atención: Cherrapunji, una ciudad de 10 mil/hab., en el estado de Meghalaya > al nordeste de la India, frontera con Bangladesh. Localizada en una región montañosa, de frente para los monzones marítimos, recibe lluvias intensísimas de 11.400mm/año. En 1861 recibió 26.460mm de lluvia; sólo en el mes de julio fueron 9.300mm. Es considerado el lugar más húmedo/lluvioso de la Tierra. Mawsynram, un pueblo a 16 km de Cherrapunji ya registró aún mayores índices pluviométricos. Un geógrafo afirmaba: por todos estos factores se torna difícil clasificar las zonas de clima de altitud (más de 850 m), como es el caso de Prádanos de Ojeda y las comarcas de Boedo/Ojeda que poseen altitudes medias de 950 metros. El punto más alto de prádanos es Peña Pico con 1.180m de altitud.
Por otro lado, la agricultura siempre fue la base económica - y en la práctica, única renta de nuestros pueblos. Si existen algunas diferencias comarcales son más bien de pequeño porte y de carácter meramente metodológico: más intensiva en la Vega debido a las prácticas hortofrutícolas de regadío; más exclusiva y cualificada en la Ojeda por causa de sus suelos profundos y oreados ej.: los cultivos de patatas y ajos de siembra son ejemplos de culturas actuales. Ya en las comarcas de Valdavia y Boedo, por ser tierra de secano y presentar suelos pobres y compactos, su agricultura está frecuentemente envuelta en problemas de recesión, y las cosechas de sus campos se mantienen irregulares, exactamente debido a esos dos factores: no son cultivos intensivos, pues los suelos acostumbran ser pobres [a veces esqueléticos] y, consecuentemente, la producción está bastante limitada. Sin embargo, no podemos generalizar estas prácticas agrícolas en nuestras comarcas y pueblos, dadas la mecanización del campo y subsecuente reducción de mano de obra cualificada y, principalmente, la migración constante de la juventud local que no acepta más el trabajo difícil y sin mayores expectativas de la tierra solariega y, ciertamente, la desvalorización del producto en los mercados nacionales e internacionales.

A pesar de tantos inconvenientes y dificultades surgidos a lo largo del tiempo, los agricultores y labradores de nuestras tierras han sabido adaptarse a las nuevas tendencias y productos exigidos por los mercados consumidores. Actualmente, vemos cultivos industriales ej.: remolacha, patatas, ajos, etc. donde antiguamente sólo se cultivaban cereales o productos de huertas alrededor de nuestros pueblos. Los montes o bosques mixtos son otras áreas totalmente modificadas, pues laderas y cuestas tienden a ser reforestadas con perspectivas de utilización de la madera para fines industriales, así como el aprovechamiento más refinado de los llamados frutos del bosque, como leñas, hongos y setas comestibles, producción de miel, recolección de plantas (aromáticas, medicinales, tintóreas etc), bayas y frutos [raíces, hojas y flores] arbustivos, utilizados en licores, mermeladas, ungüentos, aceites, jarabes etc. Semejante a la comarca de Boedo en sus prácticas y métodos agrícolas, la comarca de Valdavia desarrolla una agricultura extensiva de secano, de bajos rendimientos, y utiliza pequeños pastizales para una ganadería en declive. En los terrenos y laderas más próximos a los valles y, por eso, con suelos más frescos y oreados, se cultivan los cereales de tradición (trigo, cebada y centeno) en sistemas rotativos.

 Actualmente, los municipios son ocupados por  repoblaciones forestales de pinos, así como sotobosques de coníferas y frondosas (> árboles de sombra, en general fructíferas) que sustituyen al centeno en los páramos y a los pastizales otrora dedicados a los rebaños ovino y caprino. Hace tiempo se vive en épocas de retracción y despoblamiento en determinados lugares: la Valdavia es uno de ellos. Las tierras de regadío están limitadas a las estrechas riberas de simples y diminutos arroyos donde aún se mantienen los tradicionales setos y lindes debido a su riqueza ecológica, biodiversidad vegetal y refugio de  animales de caza. Sobreviven los chopos, acacias falsas y olmos en los bordes de arroyos, carreteras y caminos vecinales. Ya la Vega de Saldaña y Carrión de los Condes, diferentemente de la comarca de Valdavia, es una región eminentemente agrícola, con suelos húmedos y planos, una coincidencia geográfica que facilita la dispersión del agua retirada del río Carrión y sus persistentes regadíos a través de las llamadas acequias de riego tan diseminadas en la comarca, y alimentadas por los famosos cuérnagos de nuestros pueblos. En estas áreas la agricultura se tornó la más intensiva y productiva de la provincia de Palencia. Saldaña, por ejemplo, pasó a ser conocida en España entera y hasta en el mercado europeo por sus alubias blancas > la Net Rural así las define: leguminosas tremendamente aromáticas. En la boca presenta un sabor suave y apenas se aprecia la piel. El conjunto de estos y otros factores proporcionan una gran calidad sensorial al producto final. Es sabido que la legumbre tiene más proteína que ningún otro alimento. Posee mucha cantidad de fibra que favorece el funcionamiento intestinal y previene el cáncer de colon. Además, completo yo, contiene gran cantidad de sales minerales > hierro, vitaminas y ácido fólico, eliminando el colesterol y dando excelentes resultados para los hipertensos. Sólo el precio > 6,46 euros por 1kg, causa escalofríos y irritación.

En realidad, la Ojeda y la Vega de Saldaña/Carrión de los Condes son las comarcas que más se adaptaron a las nuevas tendencias del mercado consumidor, y donde la agricultura palentina se tornó más exclusiva y especializada en determinados productos > patatas, maíz, ajos, remolacha y plantas forrajeras como alfalfa, trébol etc., en grande parte consumidas por la ganadería local. Circunstancias adversas, entre tanto, convirtieron muchos de sus terrenos en sotobosques de chopos, álamos, sauces etc., aunque las tierras más próximas a los arroyos continúen siendo aprovechadas para fincas de regadío. En otros lugares, al norte de la comarca, la repoblación forestal acabó sustituyendo al monocultivo del centeno, una cultura tradicional de luengas datas en aquellos pueblos. De cualquier forma existe una clara distinción entre los pueblos del norte de nuestras comarcas y los pueblos más en contacto con la Tierra de Campos al sur. En el norte, prevalecen los terrenos de regadío: en laderas y cuestas alomadas más suaves los regadíos se hacen por aspersión, cobertura total, pivots e potentes cañones de dispersión y riego. Estas técnicas actualmente están por todas las partes y con grandes resultados a corto plazo, pues ocupan y dan lugar a cultivos industriales y ensilados con destino al engorde del ganado vacuno. En el sur, al contrario, prevalecen las pequeñas explotaciones de huertas > tomates, borrajas (protege del cáncer de estómago), lechugas, zanahorias, alcachofas, ajos pepinos o cardos, productos estos en consonancia con la llamada dieta mediterránea, y los invernaderos > viveros de plantas para jardinería, tratamiento paisajístico y cultivos agrícolas especializados, con resultados muy  apreciados en la región y en el resto de la provincia.

Otra fuerza económica en las comarcas y pueblos de Palencia es, por circunstancias de la tradición, la pecuaria o ganadería. Hasta pocos años atrás, en nuestros pueblos de la Montaña Palentina, los agricultores de cereales se tornaban necesariamente pequeños ganaderos de vacas, bueyes y caballos, mulas, burros, cerdos y, principalmente, cabras, ovejas y carneros. Todo este ganado servía apenas como elemento indispensable a las tareas del campo, y otra manera eficaz de completar la renta familiar. Rebaño propiamente dicho sólo el ovino ( y si posible, de raza merina) y caprino, que en mis tiempos de niño, en Prádanos de Ojeda, llegó a ser considerable, pues si mal no recuerdo contaba con seis rebaños de más de 300/400 cabezas cada uno. Quedó gravado en mi memoria un viaje a Herrera, con mi padre y un tratante – me acuerdo hasta del día de la semana > un miércoles, día de feria) para vender en un stand local  más de 150 reses. Por la primera vez vi el río Pisuerga,  en un recodo ancho y sosegado de la carretera. Nunca me olvidé de aquel instante de deslumbramiento y miedo delante de tanta agua.
Efectivamente, los rebaños de cabras, ovejas y carneros tenían y tienen finalidades mercantiles incontestables: la producción de lana, pieles, leche, crías y carne de corte. En Prádanos, uno de los dueños de rebaños, de ascendencia manchega, mantenía una carnicería en el pueblo. Había también tenadas > cobertizos que se hacían para resguardar y abrigar los ganados, ora en el campo al descubierto – hechos con leña y pajas largas para que no penetrara la lluvia -, ora dentro del pueblo - verdaderos galpones de albañilería con abrevaderos, pertrechos y demás exigencias propias de los rebaños ovinos – que los pastores cuidaban con grande esmero. Por otra parte, la historia del pastoreo de ovejas dejó vestigios sólidos en las rutas trashumantes en muchos países de Europa. Esas rutas se convirtieron en verdaderos corredores económicos, impulsando las actividades comerciales, el alojamiento y restauración de las ventas, las labores complementares a la cría del ganado y una infinidad de beneficios domésticos a los pueblos por donde obligatoriamente pasaba el rebaño.
El ecologista Fernando González-Bernández (1991) reconocía: ‘el paisaje del pastoralismo constituye en estos momentos el primer recurso natural para la UE y otras áreas desarrolladas del mundo’. Hasta hoy, el estilo de vida de los pastores de ovejas no ha cambiado substancialmente en España, pero el entorno socioeconómico de la figura clásica del pastor sí ha mudado y mucho, de tal manera que el contexto cultural del pastoreo se ha infravalorado. El status social del pastor de cabras y ovejas actualmente está deteriorado de modo significativo. La contratación de inmigrantes o de personas pobres en esta profesión y los sueldos muy bajos, casi miserables, ofrecidos por los dueños del rebaño, ha creado una situación de exclusión social ligada al pastoreo. El aislamiento de los pastores, característica natural de la profesión en muchas zonas rurales, hace con que las mujeres no se casen con pastores, alejando aún más a los jóvenes del pastoreo como forma profesional de alcanzar un futuro digno y de aceptación social. Existe el peligro de subestimar y eventualmente perder un patrimonio cultural tan rico e importante para la gestión sustentable de los recursos naturales. El Comité Para Agricultura y Desarrollo Rural da UE sustentaba: las ovejas y cabras viven en áreas dotadas de suelos de menor calidad; su cría es esencial para la economía rural da UE, pues estimula, al mismo tiempo, la creatividad artística y artesanal, promueve el turismo, mejora la sostenibilidad medioambiental relacionada con la cría del ganado ovino y caprino,  fomenta la identidad social de las áreas montañosas y fortalece las actividades culturales – rede de museos y centros de interpretación sobre la cría del ganado y la vida pastoril, publicaciones, exposiciones y conferencias, encaminadas a aumentar la concientización entre los ciudadanos y los etnógrafos sobre el valor de dicho patrimonio. De hecho, si medidas socioeconómicas no fueren tomadas, existe el peligro de socavar el valioso patrimonio que rodea la actividad pastoril, un patrimonio que puede perderse para siempre.

En lo que concierne a los rebaños de nuestras comarcas, sabemos que durante siglos la trashumancia de rebaños de ovejas marcó muchos pueblos palentinos y sus habitantes, pues diversos estamentos sociales se envolvían con ella o dependían de esta actividad primaria: dueños de rebaños (> mantenían carnicerías bien surtidas), comerciantes en general, propietarios de dehesas, carreteros y otros profesionales de apoyo, los propios pastores y sus familias, etc. El paso de los rebaños se hacía a través de cañadas, cordeles y veredas, todos ellos auténticos corredores económicos y origen de nuestras carreteras y caminos vecinales. El Guía de Recursos Ambientales resume el aporte contemporáneo de esta actividad ganadera: actualmente, se trata de conservar y proteger estas vías > cañadas, cordeles y veredas, ya que constituyen un patrimonio de indudable valor cultural y económico por varias razones: son el origen de nuestra redes viarias; además de utilizarse como vías agropecuarias, presentan un gran valor turístico como enlace entre Espacios Naturales de interés. También son idóneos para usos ecológicos como corredores culturales y deportivos de alcance nacional. En nuestros días, cada comarca procura dar un sentido y valor a los diferentes ‘rebaños’ tradicionales. En general, donde la agricultura se tornó más excluyente e intensiva, la ganadería siguió esa práctica colectiva, incluso en sistema de arrendamiento de parcelas agrícolas con vistas a la producción de cereales, plantas forrajeras y heno ensilado para alimentar los diferentes rebaños

Hoy existe una tendencia a modernizar las explotaciones ganaderas. A través de granjas, principalmente estabuladas y lecheras, se procura economizar en pastos, alojamientos y salas de ordeña, seleccionando determinadas razas con gran capacidad productora de leche, así como existen también controles higiénicos y sanitarios totales y sofisticados de primera clase. En la Vega de Saldaña y adyacencias y en varios pueblos de la Ojeda se localizan las mayores granjas de España en número de cabezas de ganado vacuno, productoras de leche y de carne [terneros lechales] de primera cualidad, bien tratada y con marca internacional de control severo, de acuerdo con las normas condicionantes del mercado consumidor cada vez más exigente. Incluso, en régimen de cooperativas, lo que hace con que el ganado llamado vacuno de cebo (estabulado) se torne aún más rentable. Ya en las comarcas de Valdavia y Boedo, se sobresale la ganadería extensiva, principalmente en las regiones más al norte donde se aprovechan los pastos dejados por los rebaños ovinos, hoy en franco declive o casi en extinción. En realidad, los rebaños de  ovejas y cabras son muy reducidos – no llegan a tener cien cabezas por dueño. Motivo pincipal: el  hecho de que no existen más pastores, como antiguamente, en actividad. Así, a medida que los pastores de edad se jubilan ( > la figura del pastor clásico está en extinción), los rebaños desaparecen igualmente. Y la tendencia, según opinan los especialistas, es su desaparecimiento total visto que se trata de una actividad considerada ‘dura y poco rentable’. Entre tanto, el presidente de ANCHE – Asociación Nacional de Gado Ovino Selecto de Raza Churra, Eduardo Páramo Sánchez, tiene una opinión técnica y actual a cerca de los rebaños ovinos en España (2009): las cosas no parecen hayan cambiado demasiado, más bien continúan igual o peor. Al analizar la situación del sector se comentaron algunos de los problemas por los que pasaba y sigue pasando la oveja en general y la churra (> raza ovina castellana) en particular […]. Todos somos conscientes de la situación tan delicada por la que atraviesa el sector ovino, con una reducción importante en el consumo de carne, así como la bajada de precios tanto en leche como en carne […]. Cualquier situación que atente a nuestros intereses supone ahondar aún más la precaria situación en que nos encontramos. Es por ello que seguimos y seguiremos luchando, tratando defender nuestros intereses, aun cuando los que nos prometieron su ayuda han olvidado con tanta rapidez su promesa […]. Por lo visto nuestros problemas son poco importantes y no merecen su consideración. Esta asociación sí tiene motivos para la esperanza: seguimos creciendo pese a todo… El aumento de ganaderos supone un incremento importante en el número de actuaciones que deben llevar a cabo. Pero tendremos que seguir trabajando por nuestra oveja churra, convencidos de que pese a todo merece la pena.

La raza churra por la cual lucha el presidente de ANCHE, así como las razas merina, lacaune y assaf, es una raza importante (> originaria de Castilla y León), tanto por su alta especialización lechera, como por el elevado censo de que dispone. Es una de las razas más primitivas de España, aunque durante años estuvo oscurecida por la preponderancia de la raza merina. Pero siempre tuvo un alto significado económico en las explotaciones agrícolas de Castilla y León. Y cabe resaltar su participación en el desarrollo de la ganadería ovina de América. La raza churra se circunscribe a las provincias de Palencia, Valladolid, Burgos, León y Zamora. En 2000, era la primera en número de cabezas de las razas nacionales con un censo de 1.500.000 de cabezas (9,5% de la población ovina española) y la primera también en producción de leche y rendimientos brutos por animal/año. Su núcleo principal estaba en Tierra de Campos y Cerrato (Palencia/Valladolid). De temperamento vivo, resistente, andadora y precocidad sexual, la oveja churra busca alimento en condiciones adversas; su rusticidad, facilidad de adaptación y manejo, la tornan altamente especializada en producción de leche y, en consecuencia, la más rentable. Las ovejas churras han superado medias de 240 litros/120 días de lactación y producciones superiores a 300 litros/cabeza.

Entre tanto, los rebaños de ovejas de nuestras comarcas y pueblos son de raza merina, la más extendida en el mundo. Su origen es incierto, pero según reza la tradición el propio nombre indicaría su procedencia > benimerines o banu-marin, de Marruecos. Otros piensan que el nombre deriva de los ‘merinos’ reales de León que pasaban, de pueblo en pueblo, cobrando los diezmos de la lana, cecina y queso. En la actualidad,  Australia – ¡aquí hay más ovejas que gente a razón de 100 ovejas por persona! -, Argentina y EUA poseen los mayores rebaños del mundo. La raza merina de nuestros pueblos es compacta, de cuello y patas cortas; su lana es larga, fina y rizada. La importancia en la industria textil está en la confección de sacos, cobijas, ruanas, guantes, calcetines, suéteres etc. La esquila – se hace una vez al año - es el corte del pelo para el aprovechamiento de la lana, y puede hacerse a mano con tijeras (esquila manual) o con máquina (esquila mecánica). Las lanas más valiosas proceden de animales con 3 a 6 años, siendo que cada oveja produce por año entre 1 y 3 kg de lana fina y entre 2 y 6 kg de lana gruesa, según la raza ovina. El Guía de Recursos Ambientales, nos dice que ‘solo quedan [algunos] rebaños importantes en casi todos los pueblos de la Ojeda, donde en conjunto suponen unas 12 mil cabezas’. En la Vega de Saldaña Y Carrión ocurren también explotaciones mixtas, de ganado vacuno y de ovejas/cabras, pero la tendencia actual es el desaparecimiento puro y simple de nuestras comarcas y pueblos. Existen otros ‘rebaños’(¡!) regogidos y alimentados en pequeños corrales (caballos, cabras, cerdos, gallinas y conejos), aunque todos ellos abastecen apenas el autoconsumo o divertimiento de sus dueños. Hay igualmente granjas intensivas - puercos en Saldaña, avestruces en Villafuente (a 46 km de Palencia) y animales de caza en Báscones de Ojeda -; sólo atienden a mercados específicos. El rebaño 'caprino’ (cuando existe) vive mezclado a los rebaños de ovejas aún sobrevivientes, y solo por gusto o utilidad de los propios pastores.

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